La infección por el virus del papiloma humano es la enfermedad de transmisión sexual más frecuente. Este virus tiene más de 200 serotipos y es causa de lesiones premalignas, verrugas genitales, condilomas acuminados y cánceres de cérvix, vagina, vulva, ano y pene.

No todos los serotipos son capaces de causar de cáncer, siendo algunos de los de alto riesgo los que se detectan en las pruebas de VPH. Asimismo, es un virus con alto riesgo de infectividad y su presencia en las pruebas de cribado no implica necesariamente que se vaya a desarrollar cáncer, ya que la infección puede resolverse (sobre todo en las pacientes más jóvenes). La cronificación y la presencia de otros factores predisponentes son necesarios para desarrollar un proceso oncológico asociado al VPH.

El cribado en España se realiza en mujeres con edades entre los 25 y los 65 años. Es de suma importancia realizarlo, ya que el tiempo de evolución de la enfermedad suele ser largo y existen tratamientos eficaces en las fases premalignas de la misma, que han disminuido la mortalidad y las secuelas de tratamientos más agresivos.

¿Cuáles son las pruebas realizadas en población general?:

  • 25-34 años: Citología cada 3 años.
  • 35-65 años: Determinación de VPH de alto riesgo cada 5 años.

Si alguna prueba es patológica, las pacientes son remitidas a valoración ginecológica, para ampliar estudio y seguimiento.

Por otro lado, se está empleado una estrategia de prevención que es la vacunación contra el VPH antes del inicio de las relaciones sexuales, en niñas entre 11 y 14 años, estando la vacuna incluida en los calendarios vacunales de todas las comunidades autónomas.

En los niños esta estrategia está en entredicho, pero podrían beneficiarse porque se podría disminuir la transmisión con las relaciones sexuales y proteger contra otro tipo de cánceres.

En determinadas pacientes con patología de cérvix podrían beneficiarse de una vacunación tras el tratamiento, ya que les protegería de serotipos distintos al que causó la enfermedad ya que los preparados suelen incluir varios serotipos.

Además, la vacunación se trataría de una estrategia interesante porque se prevé que, en los países que la están llevando a cabo, la incidencia de cáncer de cérvix descienda a largo plazo.

Con todo ello, hay que concluir en que la realización de citologías y la vacunación, cuando está indicada, son estrategias eficientes de prevención de cáncer en las mujeres, al igual que se ha demostrado con otros cánceres como el de mama o el de colon.

Dra. María Antonia López Rubio.

Ginecóloga.