El cáncer de mama es el más frecuente en mujeres y la principal causa de muerte oncológica en las mismas. El tratamiento de esta enfermedad ha evolucionado mucho en los últimos años, de forma se intenta que sea lo más personalizado posible.

   Las técnicas quirúrgicas más recientes, menos mutilantes y la incorporación de técnicas de cirugía plástica, han contribuido a mejorar su imagen corporal. Si a ello sumamos que la mejora en los tratamientos sistémicos ha aumentado su supervivencia, se hace necesario atender a la esfera sexual como uno de los problemas de salud que se pueden manifestar y condicionar su calidad de vida.

   Los tratamientos pueden alterar el funcionamiento reproductivo y sexual de la mujer, su integridad física, autoimagen y ciertos caracteres sexuales (por cirugías potencialmente mutilantes, alopecia, sequedad vaginal, anemia, etc.). No menos importante, es tener en cuenta el componente psicológico que suele conllevar estas enfermedades.

   En un 75 % de casos expresan receptores de estrógeno y/o progesterona, siendo candidatas a terapia con Tamoxifeno. Los efectos secundarios del mismo pueden incluir disminución del flujo vaginal, disfunción sexual e irregularidades menstruales. Nuestra impresión subjetiva es que, aunque todos esto aspectos están documentados, no suelen consultar acerca de su esfera sexual, motivo por el cual probablemente no indaguemos sobre la misma en las revisiones médicas.

   Para las premenopáusicas que reciben un diagnóstico de cáncer de mama con sensibilidad endocrina, las estrategias de tratamiento se complican algo más, ya que, en muchas ocasiones, la quimioterapia puede no ser necesaria y la toma de decisiones sobre las terapias alternativas es primordial, tanto para su supervivencia como porque son tratamientos prolongados en el tiempo. El Tamoxifeno y otros fármacos similares no están exentos de efectos secundarios, que pueden incluir sofocos, disfunción sexual, osteoporosis e infertilidad y afectar la calidad de vida, condicionando en ocasiones la adherencia al tratamiento.

   El manejo de algunos de estos aspectos debe abordarse desde distintos ámbitos, que abarcan desde la preservación de la fertilidad (en pacientes que desean tener hijos en un futuro) a cambios del estilo de vida en cuanto a ejercicio físico y dieta, que mejorarían la salud actual y los potenciales efectos deletéreos del tratamiento y la patología a largo plazo. De forma combinada con lo anterior, se pueden realizar un abordaje personalizado tanto farmacológico (cambio de hormonoterapia, antidepresivos, tratamientos específicos para la sequedad vaginal, gabapentina, etc.), como con tratamientos físicos (láser CO2 para atrofia vulvovaginal) y/o técnicas psicológicas.

María Antonia López Rubio.

Ginecóloga.