Sí ha sido diagnosticado de vejiga hiperactiva refractaria y cumple criterios para la administración de toxina botulínica intravesical, usted debe conocer que tras el procedimiento puede experimentar dolor tipo ardor al orinar. También es posible que la orina se emita teñida de sangre. Estos síntomas suelen desaparecer a las 24-48 horas.

El éxito de este tipo de tratamiento para la vejiga hiperactiva se sitúa entre el 60 y el 90%.

Los efectos de este tratamiento no son inmediatos. Generalmente comenzará a notar los efectos beneficiosos desde algunos días después hasta 2 semanas, notando una disminución de la frecuencia con la que acude al cuarto de baño, de la imperiosidad al miccionar (urgencia miccional) y de las pérdidas de orina; pudiendo suspender los fármacos que tomaba para el tratamiento de la vejiga hiperactiva antes de este procedimiento.

Es posible que conforme sus síntomas mejoran detecte dificultad para el vaciado de la vejiga, como consecuencia de que la toxina botulínica produce relajación del músculo detrusor encargado de vaciamiento vesical. En el caso de que no pudiese realizar una micción satisfactoria debe contactar con su médico responsable para que proceda a su cateterismo y le instruya en cateterismo limpio intermitente, que consiste en la introducción de una sonda estéril a través de la uretra el número de ocasiones suficientes a lo largo del día (entre 3 y 6) para poder vaciar adecuadamente la vejiga. Dada esta circunstancia, no debe alarmarse, pues a medida que la toxina botulínica cede en su efecto, se restablece la función normal de la vejiga y volverá a miccionar adecuadamente.

El efecto es temporal y la duración del mismo es variable, aunque en general dura entre 6 y 9 meses. Conforme el efecto vaya cediendo, los síntomas de urgencia, frecuencia e incontinencia irán incrementando. Ciertas pacientes solo requieren una dosis, aunque lo habitual es repetir el tratamiento conforme reaparece la sintomatología, pero nunca antes de los 3 meses de la última inyección.

Los efectos secundarios más habituales son hematuria (presencia de sangre en la orina) leve y autolimitada. Las grandes pérdidas de sangre en orina son excepcionales.  La infección del tracto urinario, que debe identificarse mediante cultivo de orina y tratar con antibióticos cuando está haya sido investigada. El uso de profilaxis antibiótica antes del procedimiento disminuye la probabilidad de aparición. Retención urinaria, que es pasajera y que precisará cateterismo, a ser posible intermitente.

Otro efectos secundarios menos frecuentes son la reacción alérgica, eritema cutáneo y la debilidad generalizada.  En el caso de experimentar cualquiera de las situaciones descritas siempre debe consulta con su médico responsable o con un servicio de urgencias.

Jesús Martínez Ruíz

Urólogo.

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