Se denomina disfunción eréctil, conocida comúnmente como impotencia, a la incapacidad de conseguir la suficiente y duradera rigidez como para tener relaciones sexuales satisfactorias. Para ser considerado un problema de salud debe mantenerse en el tiempo (mínimo de 3 meses), por tanto, la presencia ocasional de problemas de erección no es un motivo para alarmarse.

La disfunción eréctil se asocia con la presencia de enfermedades como la obesidad, diabetes, hipertensión arterial, dislipemia (aumento de colesterol) o déficit de testosterona. Es importante consultar con su médico ya que, en muchas ocasiones, la identificación de estas situaciones y su tratamiento, puede revertir la disfunción eréctil y/o prevenir eventos de mayor gravedad.

La erección es un fenómeno vascular y nervioso controlado por hormonas en un contexto psicológico determinado. Es imprescindible que para que ésta se lleve a cabo tanto los vasos sanguíneos como los nervios, las hormonas y la situación psicológica sean adecuadas.

¿Cómo se produce la erección?

Cuando existe un estimulo sexual, bien sea visual, táctil, auditivo o de pensamiento, el cerebro produce una serie de sustancias (conocidas como neutrotrasmisores) que envían órdenes a través de la médula espinal al pene para que se produzcan otras sustancias (como el óxido nítrico) que permitan la entrada de sangre arterial a los cuerpos cavernosos, que son dos cilindros situados en la parte superior del pene. Al mismo tiempo se impide la salida de la sangre por la oclusión o cierre temporal del retorno sanguíneo por las venas. El inicio de la erección está influenciado por la testosterona, hormona responsable del deseo sexual y que fundamentalmente se produce en los testículos, aunque una pequeña producción es llevada a cabo en la glándula suprarrenal.

Una vez cede el estímulo sexual o se ha producido la eyaculación, otras sustancias (noradrenalina) favorecen la salida de sangre de los cuerpos cavernosos del pene, disminuyendo la rigidez y recuperando la flacidez habitual.

Si se produce una alteración en cualquiera de los distintos elementos que están implicados en el mecanismo de la erección puede dar lugar a la dificultad PERSISTENTE para conseguir o mantener una erección, o una disminución PERSISTENTE del deseo sexual.

Jesús Martínez Ruíz.

Urólogo.

Bibliografía:

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