Desgarros perineales y su abordaje.

Se trata de una pérdida de integridad de la piel y/o los músculos entre el introito vaginal y el orificio anal, habitualmente causada por un parto. De hecho, la episiotomía necesaria en algunos partos ya de por sí constituye un desgarro. Existen otros factores que favorecen su instauración en este contexto, como son que se trate del primer embarazo, fetos grandes, perinés rígidos o expulsiones rápidas fetales que no dan lugar a la protección adecuada de estas estructuras.

Se les clasifica por grados:

  •  Los de primer grado solo involucran piel y muchas veces no requieren reparación.
  • En los de segundo grado, se ve afectado también el plano muscular entre vagina y ano y requieren sutura para reestablecer la integridad de la zona.
  • Los clasificados como de tercer y cuarto grado implican el esfínter anal y los músculos perineales

Un aspecto fundamental es identificar y tratar precozmente estas lesiones, sobre todo las que involucran planos profundos de la anatomía, ya que su identificación y un abordaje terapéutico rehabilitador temprano mejora las potenciales secuelas a largo plazo, que pueden comprometer las funciones del suelo pélvico de la mujer y su calidad de vida de forma importante. De hecho, aunque la mayoría suelen evolucionar de forma asintomática y suelen responder bien al tratamiento conservador o con técnicas de Fisioterapia, se ha descrito dolor pélvico crónico o con las relaciones sexuales, incontinencia urinaria o fecal y pueden requerir tratamiento quirúrgico u otro tipo de técnicas intervencionistas.

En un primer momento, tras la reparación del desgarro, nuestro ginecólogo nos indicará dieta rica en fibra e hidratación abundante, junto con laxantes para evitar el estreñimiento y la tensión secundaria a éste en la zona dañada. Adicionalmente, ciertos tipos de desgarros requieren antibióticos para prevenir infecciones.

Posteriormente, se debe hacer una valoración diferida multidisciplinar de estas pacientes por parte de Ginecología y Rehabilitación, para supervisar la correcta cicatrización y funcionalidad de la zona, así como los eventuales síntomas que puedan surgir, ampliando el estudio con la valoración por otros especialistas o pruebas complementarias si así se cree necesario. 

Maria Antonia López Rubio

Ginecología y Obstetricia