La Vejiga Hiperactiva es una patología que afecta a la calidad de vida caracterizada por la necesidad urgente de orinar, que se puede acompañar de aumento de frecuencia miccional diurna, nocturna y/o incontinencia, en ausencia de infección u otra causa justificda.

Este síndrome tiene un tratamiento farmacológico que permite aliviar los síntomas, no obstante, presenta un elevado porcentaje de interrupción y abandono debido a la aparición de efectos secundarios, falta de éxito terapéutico, expectativas insatisfechas y posibles interacciones con la medicación habitual.

Los fármacos más usados son los antimuscarínicos orales que actúan sobre los receptores muscarínicos de la vejiga (aliviando la necesidad continua de orinar), pero también provocan efectos adversos al interaccionar sobre los receptores del mismo tipo distribuidos por el resto del cuerpo. Por ejemplo, bloquean las secreciones de glándulas salivares y lagrimales, generando sequedad de boca y de ojos. Provocan trastornos en el sistema nervioso como somnolencia, mareos y dolor de cabeza. Se han descrito trastornos gastrointestinales como estreñimiento, náuseas y molestia abdominal. También ocasionan fatiga muscular y se han documentado casos de glaucoma.

Con el fin de mejorar efectividad del tratamiento y disminuir la gravedad de los efectos secundarios, se han planteado algunas soluciones:

  • Administrar fármacos antimuscarínicos con mayor afinidad por los receptores situados en la vejiga (subtipos M2 y M3) frente a los del resto del cuerpo (M1-5). Sobre todo, se prima la especificidad con el M3.
  • Utilización de otros fármacos específicos de la Vejiga Hiperactiva, como agonistas beta-3 adrenérgicos, cuya efectividad es similar a los antimuscarínicos. Aunque debido a sus efectos cardiovasculares se debe vigilar la tensión en pacientes tratados y su uso está contraindicado en pacientes con hipertensión refractaria a tratamiento.
  • Administración de formas farmacéuticas retardadas o de liberación mantenidad. Su administración lenta y constante reduce los picos de liberación del fármaco y disminuye así la severidad de los efectos secundarios.
  • Tratamientos locales (parches), evitan el metabolismo hepático y se consigue eliminar los efectos secundarios provocados por los metabolitos del fármaco. Además, pueden ser más cómodos que la administración oral, por otro lado, generan efectos secundarios dérmicos, específicos de esta forma farmacéutica.
  • Uso de fármacos que permitan la titulación de dosis,que consiste en el ajuste progresivo de la dosis de acuerdo con las necesidades del paciente, vigilando la efectividad del tratamiento y la manifestación de efectos secundarios.
  •  Educar al paciente sobre la Vejiga Hiperactiva, conocer sus síntomas, identificar las barreras y limitaciones de esta patología urinaria crónica y manejar sus expectativas. Explicar que el tratamiento mejorará la sintomatología urinaria, pero es posible que aparezcan efectos adversos, aunque si no se administra habrá un empeoramiento progresivo de la patología. Vigilar la aparición de efectos secundarios y ayudarle a resolver dudas, preocupaciones y preferencias a lo largo del tratamiento.

La suma de estas soluciones permite un aumento en la calidad de vida del paciente y la mejora de la adherencia al tratamiento de la Vejiga Hiperactiva.

Pablo Atiénzar Martínez

Farmacéutico comunitario

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